3 de enero de 2012

C.P.B

Desde el uno, que se desprende hasta formar dos, de las partículas de dos se forman cuatro, terminando en ocho para reproducir dieciséis, el treinta y dos y al sesenta y cuatro te siento con un tambor de guerra.

En tu trinchera dando batalla a los fuegos con tus antinucleares, tus bolsas de tierra cubriendo tu cuerpo, envuelta en tu manto para camuflar, pecho a tierra, mojada, girando, esperando el silencio para descansar.

Cesan las explosiones por semanas, tu cuerpo se vuelve más estable, el miedo se te pasa lentamente, creyendo que ya todo paso. Asomas tu cabeza ¡BUM! Fuegos y estruendos, artillería de la pesada, te vuelves a esconder, mientras tu tambor sigue sonando al ritmo de los estruendos, rogando que alguien te escuche.

Cada explosión te hace fuerte, cada misil que esquivas te convierte en mas guerrera, ya te has pintado la cara desde temprano, tienes ganas de esta guerra, ganar. Lo lograras?

Noventa días que la armada no cesa su fuego intermitente, sientes que tu trinchera se achica, no sabes si es por ti, o por el espacio en sí. Esperas esa comunicación de radio, esperas comunicarte hacia el frente para solicitar ayuda, un General parece oírte, es del bando contrario, de los asesinados sesenta años atrás, no te importa, te comunicas con el, te dice que todo va a estar bien. Que las fuerzas armadas se han retirado en su mayoría, que solo quedan francotiradores apostados a disparar, que no te vayas de tu lugar, que es simple, que es solo esperar.

Apuestas por esto, piensas que vas a ganar, tus alimentos los racionalizas, algunos días comes bien y otros no, pero es época de guerra, hay que soportar.

En tu radio escuchas voces entrecortadas, diciéndote que soportes, que hay gente que te espera, que hay gente que te quiere, que tu eres fuerte. Muchas veces no sabes si es en ese radio, o si lo escuchas en tu mente, no sabes si la guerra te ha vuelto loca, escuchas la voz de tu padre diciéndote “Cuando logres salir de allí, te voy a estar esperando y nada te ha de faltar”.

Escuchas los pensamientos de tu madre tan claros como si estuviera ahí con vos a tu lado. Le dices que la amas con el pensamiento, no puedes hablar, tienes que hacer silencio, no hay que entregarse al enemigo.

Respecto pasa el tiempo te sientes grande, por lo que estás haciendo, tanto tiempo ha pasado y te ha crecido el cabello, las uñas están largas, te notas más grande, quizás sea lo que estas quieta, alimentándote en tu trinchera, al no haber ejercicio tiendes a engordar. 
Estiras las piernas por los calambres, tus brazos, mueves tus dedos para que no se te duerman, y recuerdas viejos tiempos mientras se te escapa una sonrisa, en medio de ese infierno que vives en tu trinchera.
 
Sale el sol, te cuesta verlo, pero te animas a asomar el rabillo de tu ojo y te encuentras con un soldado tirado, con su mochila al alcance, estiras tu mano fuerte y la tomas, la abres, revisas y solo encuentras algunas golosinas, las guardas y tiras la mochila, no hay mucho espacio en tu lugar, solo para cosas importantes, dejas a un costado las golosinas, sabes que las tienes que racionalizar, son pocas y hay tiempo por delante. Comes un chocolate, saltas de la felicidad, tanto tiempo sin algo tan dulce, se escucha un grito, sigues alegre, se escucha una explosión, sigues alegre, mueves tus piernas, sonríes de felicidad, por un instante todo es diferente.

Siguen las voces en la radio, pero más aun las sientes en tu cabeza, crees que te estás volviendo loca, escuchas risas, llantos, gemidos, te amo y hasta obscenidades, piensas que estas mal, pero tienes que aguantar. 

Tus ancestros de repente aparecen en tu cabeza, escuchas las voces de tus abuelos diciéndote que te esperan.
¿Será así? 
¿O solamente es una necesidad tuya de querer estar acá? 
Sin embargo lo disfrutas.


De repente te sacude un temblor, tu trinchera se mueve, se caen las cosas, se achica tu lugar, se desmoronan algunas paredes……. Silencio.

Pasa la tormenta, te sientes sacudida, pero bien. Tu trinchera esta mucho mas chica, no sabes cuánto tiempo mas podrás soportar en ese lugar. Quieres irte, pero sabes que tienes que esperar.

Sigues escondida, escuchando entre ocasiones explosiones, gritos y amenazas, un chocolate ayuda a pasar ese miedo espantoso, estiras para no acalambrar, te sientes incomoda, pero sabes que tienes que esperar.

El General te ha llamado, ha dicho que viaja a buscar unos pilotos para poderte sacar, que debes aguantar unos treinta días mas, hasta que el pueda organizar el rescate, quiere estar, quiere ser el primero al que tengas que abrazar, quiere verte escapar y escucharte llorar de felicidad.

Sus palabras fueron simples, “Quédate allí hasta que regrese, yo te voy a sacar”…

Sin embargo YO te quiero tener acá, aunque sé que lo mejor es esperar, solo un mes, cuatro semanas, treinta días,  setecientas veinte horas,  cuarenta y tres mil doscientos minutos, dos millones  quinientos noventa mil segundos, ochenta y nueve mil novecientos noventa y nueve, noventa y ocho, noventa y siete………. Seis……………. Cinco…………

Papá
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